viernes, 7 de diciembre de 2012

Títulos en la memoria: Viridiana, Luis Buñuel, 1961 (3)



La utilización del sonido en Viridiana


En contraposición a la práctica general de las películas de las décadas precedentes, Luis Buñuel prescinde de todo rasgo de música extradiegética, utilizada por lo general para subrayar la acción dramática, y utiliza de forma consciente en todo momento el sonido directo con sentido dramático.


Cartel de la exhibición para Francia



            Como ocurre en varias ocasiones durante el metraje de Viridiana, la entrada de un personaje en escena está precedida por su voz en off que inicia o continúa el diálogo, como, por ejemplo, la primera aparición de Jorge precedida por la característica voz de Paco Rabal fuera del plano. 


De la misma forma, se introducen sonidos de ambiente: unos en presencia del agente que lo crea, por ejemplo el motor del autobús; y otros en off para ambientar el decorado, como el mugido de vacas en la escena en que Viridiana no quiere ordeñar.


Dentro del argumento también se utilizará el sonido en abstracto, es decir, sin realización fónica, como un recurso de los personajes para oír la llegada de otro: es decir la lata que le obligan a llevar al personaje supuestamente contagiado de lepra a modo de aviso.


Por último y en cuanto a que si creo que Buñuel ha utilizado de forma especial el sonido, la respuesta es afirmativa, ya que está diseñado todo de antemano en el guión, porque están utilizados con una clara intención dramática. La música como tal aparece de forma dietética dentro de la acción, ya sea por realización en directo de Don Jaime en la pianola o por los discos pinchados en el tocadiscos. En los títulos de crédito se resalta que todas las melodías fueron seleccionadas por Gustavo Pitaluga, pero es difícil de creer que esta selección no estuviera dirigida por Buñuel. Dos de ellas, además de su utilización dentro de la película, sirven respectivamente de cabecera, el fragmento de El Mesías de Haendel, y de melodía de cierre, una canción moderna indeterminada. En primera instancia, Buñuel hace que Don Jaime interprete el Requiem de Mozart la noche de la llegada de Viridiana, luego se pinchan sucesivamente en el giradiscos fragmentos de la Cuarta sinfonía de Beethoven, en la noche de la supuesta marcha de Viridiana, y de nuevo El Mesías, en la orgía de los mendigos, para, por último, en la coda final pinchar por parte de Jorge una canción pop de moda, que también servirá de cierre de la película con el telón el FIN y que remarcará el nuevo mundo que se le abre a la novicia en su mènage a trois con Jorge y Ramona.


En definitiva, la música y todo lo que la rodea están utilizadas con intención dramática, ya que marcarán el cambio en la atmósfera que caracteriza a los personajes masculinos que dominan las dos partes de la película: Don Jaime está anclado en el pasado y ha dejado marchitarse su hacienda, por lo tanto es aficionado a la música clásica, pero, además, sabe interpretarla a la pianola. Mientras que Jorge es un joven con ideas nuevas que querrá explotar sus nuevas posesiones y, al mismo tiempo, un aficionado diletante de la música moderna, aunque significativamente no sepa tocar ningún instrumento como lo filma Buñuel el día de su llegada a la casa.



Realizaré el análisis del sonido de la secuencia sobre la ya analizada y que transcurre toda ella en el interior de la casa, en el momento anterior y posterior la escena se sitúa en el exterior. He elegido esta secuencia porque  en la película hay pocas en las que Buñuel combine los tres elementos del sonido.


     Nos centramos en primer lugar en la música, elemento aglutinador de toda la secuencia y que, frente a los demás (voz humana y ruidos), lleva toda la fuerza expresiva envolviendo todo el ambiente y tratando de subrayar determinado tipo de emociones.



       La melodía que escuchamos, el fragmento del Requiem de Mozart, está utilizada de forma diegética, en cuanto que es D. Jaime quien la ejecuta dentro del contexto narrativo de la acción. De los siete planos secuencia en que estructuramos este fragmento fílmico, en el primero, tercero y sexto la música se muestra dentro del campo, dándose en estos tres una gradación interesante con respecto a la relación música-plano: se pasa de un primer plano, en el primero centrando el interés en las manos y pies que ejecutan la melodía, para alejarse la cámara progresivamente hasta un plano general corto y americano en el sexto, donde se mezclan música y diálogo.

En el resto de los planos la música está fuera del campo (sonido en off) que no acompaña únicamente la acción que se desarrolla en ellos, sino que, precisamente por la ausencia en ellos de otro elemento principal: la voz humana, refuerza un determinado ambiente creado por las acciones de los personajes, en especial de Viridiana (cuando prepara su cama en el suelo y coge la cruz y la corona).

La voz humana está prácticamente ausente, podríamos decir que es la música la que habla. Solamente en el sexto plano se establece un breve “diálogo” entre Ramona y D. Jaime. Este intercambio de palabras fundamentalmente tiene una función informativa: Ramona fielmente está recogiendo en palabras las acciones que hemos visto realizar a Viridiana.

No obstante, podemos hablar de su función expresiva en cuanto que dejan transmitir los sentimientos de conmiseración de Ramona hacia Viridiana. Por último, hemos hablado de diálogo entrecomillado puesto que la información que nos llega de D. Jaime es mucho menor en sus palabras que en la expresión de su rostro (¿Ausente? ¿reflexiva?) al transmitir emociones, no sólo en este plano sino en otros del fragmento.

Tampoco podríamos decir que el tercer elemento: los ruidos tienen destacada presencia, sino que se podría hablar se su contrario: el silencio en campo, como elemento dominante sobre todo en algunos planos secuencia (tercero y séptimo) con la única “presencia” en off de la música.

Ya hemos señalado aquellos planos en los que domina la música o el silencio dentro del campo. Queda únicamente comentar algunos “ruidos” que ligeramente y no de manera estridente rompen el silencio en otros: en el segundo se escuchan algunos sonidos que acompañan la acción de Viridiana dentro de la habitación: alfombra, cinturón, pasos, ruido de cama (=vieja), zapatos. En el cuarto se perciben los pasos de Ramona hacia la puerta y en el quinto el sonido de los herrajes de la maleta al abrirla Viridiana. 

Continuará...



Todas las fotografías están extraídas de internet sin ánimo de comerciar con ellas. Gracias de antemano por la ayuda desinteresada.

¡Que aproveche! Un cordial saludo. 
Aitor Hernández Eguíluz 

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1 comentario:

  1. Un trio de post muy interesantes, otra manera de ver el cine, sobre todo el de Buñuel, que para mi es un poco especial. Viridiana la vi hace mucho tiempo, la tendré que volver a ver.
    Rita.

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